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jueves, 7 de agosto de 2014

Recomendaciones de libros sobre viajes

Le pedimos a Alberto Martínez Laguía que nos contara si había algún libro de viajes que le hubiera podido influir en la escritura de "Los Viajes de Laguía Travel" y nos contesta recomendando tres joyitas:

Durante los años en los que soñaba en que algún día aquel amasijo de papeles con notas, servilletas con garabatos, libretas repletas de anécdotas, se convertirían en el libro de Los viajes de Laguía Travel, aproveché para leer algunos de los libros que se hallan en la cumbre de aquellos que aspiramos a escribir sobre nuestras experiencias viajeras.

Hete aquí la selección:

 1.- En la Patagonia de Bruce Chatwin

Bruce Chatwin fue un novelista inglés nacido en 1940. Durante su vida trabajó como experto para la casa de subastas Sotheby’s llegando a ser el director de la misma. Una vez, estando en París conoció a Eileen Gray, una arquitecto y diseñadora de 93 años. Chatwin advirtió un mapa de la Patagonia pintado por ella. "Siempre deseé ir allí" le dijo Bruce. "Yo también" le replicó ella, "Ve allí a por mi". Casi inmediatamente partió hacia el continente americano y estando allí finalizó su relación laboral con Sotheby’s con un simple telegrama: "Me he ido a la Patagonia”. Allí estuvo seis meses, un viaje a resultas del cual escribió el libro En la Patagonia (1977), que estableció su reputación como escritor de viajes. Se dice que el éxito de la libreta Moleskine se lo debemos principalmente a Chatwin, que siempre le acompañaba para tomar sus notas.

Chatwin empieza el libro con un recuerdo infantil: de cuando descubrió un pequeño resto supuestamente de dinosaurio que provenía de la Patagonia. Aquello le sirve de pretexto para viajar hasta la “Cueva del Milodón” en Puerto Natales, Patagonia chilena. Durante su periplo averigua temas inéditos y diversos, hasta donde la curiosidad de Chatwin le permita.

  
 
 


2.- León el Africano de Amin Maalouf

León el Africano es el primer libro del novelista francés Maalouf, y fue escrito en 1986. En él se narra la historia del viajero renacentista del siglo XVI. En realidad, León el africano era el sobrenombre cristiano de Hasan bin Muhammed al-Wazzan al-Fasi, diplomático y explorador andalusí conocido por su obra Descrittione dell'Africa (Descripción de África), en donde describe la geografía del norte de África.

La novela explora la confrontación entre el Islam y la Cristiandad y la influencia mutua de ambas religiones en los pueblos donde coexistieron. Se divide en cuatro secciones que sitúan geográficamente la acción del libro: Grnada, Fez, El Cairo y Roma. Durante el libro, León coincide con grandes personajes históricos como papas, emperadores otomanos (Suleimán el magnífico), Boabdil, último rey moro de Granada, Fernando II de Aragón, etc… y es que León el Africano tan solo nació 4 años antes de que Boabdil entregara las llaves de la ciudad de Granada a los Reyes Católicos.




3.- En las Antípodas de Bill Bryson

Bill Bryson es un escritor y periodista nacido en los Estados Unidos. Trabajó muchos años como articulista de The Times, y ha sido prolífico en cuanto a la publicación de libros de viajes, históricos o de divulgación científica. De hecho, uno de sus libro más populares, con el que cualquier asiduo visitante de librerías se habrá topado seguro, es su Breve historia de casi todo, escrito en 2003, y donde Bryson explica la ciencia con un lenguaje cercano, comprensible y ameno.

Pero al libro al que me quiero referir no es otro que el hilarante En las Antípodas. El libro está repleto de información sobre Australia, contado, de nuevo, de una forma amena, didáctica y tan divertida que en algunos momentos parece que estés leyendo un libro de humor. Bryson habla del sexto país más grande del mundo donde: “las conchas marinas no solo pican sino que persiguen, un tiburón puede zamparte o, el lugar donde unas irresistibles aguas arrastrarte mar adentro”.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Los Viajes de la Guía Travel por su autor... Descubre la mejor manera de viajar sin salir de casa

Desde La Trastienda queremos dar voz a nuestros escritores... Le propusimos a Alberto Martínez Laguía que nos ampliara las intrahistorias de su libro, le pasamos una serie de preguntas para que nos contara más sobre sus viajes y esto es lo que nos explicó... Desde luego resulta tan interesante como su libro:

 
Los viajes de Laguía Travel es el libro de Alberto Martínez Laguía donde explica sus viajes durante 14 años bajo una óptica muy personal, en la que describe sus destinos destacando sus vivencias, anécdotas, experiencias, y regándolos con datos de interés amenos sobre los lugares, como la gastronomía típica, las religiones que predominan, pinceladas de su historia, etcétera.
¿Qué es lo que más valoras al hacer un viaje?
Básicamente, dos cosas: la primera son los compañeros de viaje. Ya sea con tu pareja o con un grupo de amigos, los viajes, sobre todo aquellos que tienen implícita cierta aventura, conllevan sorpresas, cambios de planes, algunas incomodidades a las que no estamos acostumbrados como dormir en aldeas de comunidades indígenas, que el monzón te sorprenda a mitad de camino en un trekking por la selva, insectos… en fin… busco viajar con gente que valore esas inesperadas situaciones e incomodidades como experiencias y sobretodo que las reciban con humor. La segunda es que se debe escuchar que tipo de viaje te pide el cuerpo realizar ese año (dentro de las posibilidades): un año será cooperación, otro será aventura, otro conocer culturas lejanas, y otro descansar en una playa al sol y tener tiempo para disfrutar de los amigos, comida, un buen libro… Forzar un viaje de aventura, si el cuerpo te pide descanso, hará que pases por alto muchas experiencias.   
¿Cuáles son los destinos que más te han gustado? ¿Y el viaje que más te ha gustado?
En cuanto a destinos concretos, es difícil escoger, ya que a veces la propia compañía hace que un lugar mediocre se convierta en especial, aun así, algunas de las tres ciudades que volvería sin pensarlo son: la Habana, Cuba, por la alegría de sus calles. En el libro defino la sensación que tuve en la ciudad como si fuera con algunas copas sin haber probado una gota de alcohol. Jerusalén, por su magia. Cada rincón… cada adoquín… podría llenar páginas y páginas con su historia, y dependiendo de la religión del autor, podría ser una historia completamente diferente. La vista se te pierde entre cúpulas, mausoleos, sinagogas, cruces, mezquitas, soldados armados, rabinos, los rollos de la Torah… Todo son símbolos, todo es pasión… Y la tercera sería Ushuaia, en la Patagonia Argentina, provincia de Tierra de Fuego, conocida como la ciudad del Fin del Mundo o la Ciudad más austral del mundo. Este antiguo enclave era  la  cárcel de Argentina, por la dureza de sus condiciones climatológicas, y porque si algún presidiario tenía que cruzar el Canal de Beagle a nado, moriría congelado en pocos minutos. Como toda la Patagonia, Ushuaia es un lugar que engancha, por el azul oscuro de su mar, por la majestuosidad de las montañas, la nieve, la lejanía respecto a todo… fue un lugar olvidado hasta que Darwin empezó a estudiar sus especies animales y a sus aborígenes a bordo del Beagle.
Sin duda, el viaje que más me ha gustado, fue el que hice como cooperante a Guatemala. Los que me conocen saben que aquel viaje cambió algo dentro de mi.

¿Y las situaciones más tensas o incluso que hayas pasado miedo?
He vivido situaciones tensas en algunas ocasiones: caminando por ejemplo por Ciudad de Guatemala, una de las ciudades más peligrosas del mundo, o en la frontera entre Cisjordania y Jordania… cuando de repente desapareció mi pasaporte, en medio de una zona rocosa casi desértica, donde supuestamente la seguridad nos la debían aportar unos soldados de dieciocho años vestidos de camuflaje y armados hasta las cejas. O conducir por las carreteras no asfaltadas e inundadas por el monzón, que bordean los acantilados de los Himalayas, o cuando en Momostenango una noche, la joven Josefina apareció con su bebé completamente morado e inmóvil, gritando: “¡Es ojo, es ojo!”… refiriéndose a que el bebé estaba muriendo porque le habían echado mal de ojo (afortunadamente sobrevivió).
Y estoy seguro que algunas situaciones ahora las viviría de otra forma, como los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos (tenía 21 años), o estando en Israel y Palestina los días del repliegue de los asentamientos judíos de Gaza en julio de 2005.
Alberto, explícanos algo que no salga en el libro…
Hay muchas historias que no se pueden contar y que, por tanto, no salen en el libro, y me quedo para mi o para círculos reducidos… ¡Quizá alguna vez escriba La cara B de los viajes de Laguía Travel! Pero de las que no explico, recuerdo una que viví con mis cinco amigos cooperantes en una comunidad indígena perdida en el norte de Guatemala, cerca de Chiapas. Habíamos llegado a la aldea con chicken-bus (gallinera), después en la parte trasera de una ranchera y finalmente caminando por la montaña... unas dos horas de trayecto. Desde luego el lugar más remoto donde habíamos estado. Mientras avanzábamos entre las casas de adobe del poblado, un anciano de tez morena y que caminaba con dificultad, vino desde lo lejos hacia mi, se posó enfrente mío, cogiéndome emocionado fuertemente por los brazos, me dijo: “Por fin… llevábamos años esperándolo”. Mis cuatro amigos me miraron con sorna y disfrutaron viendo como, por una vez, me quedaba sin saber que decir!
 
¿Y de las que no se pueden contar?
Como decía, hay unas cuantas divertidas. Una de ellas nos sucedió al grupo de amigos de la universidad por La Habana. Fuimos con dos habaneros a un bar de gente local, donde bailaban y tomaban su rico ron. En un momento, varias chicas se nos acercaron con ímpetu y nos cogieron para bailar salsa. Así que de repente, varios de nosotros nos vimos en medio de la pista, rodeado de decenas de cubanos que nos miraban divertidos, bailando salsa con unas mulatas. Llegado el momento, a cada uno de nosotros nos dijeron alguna frase que recordaremos toda la vida, la de mi cubana fue: “Te vi a hacel el amol hasta molil”…. Pero decidí sobrevivir, y al poco nos subíamos a lomos de un camión bananero, que nos iba a devolver al barrio de Miramar, donde residíamos. 
Explicas en el libro, que aparte de las historias de los viajes, creaste un blog donde semanalmente colgabas historias con anécdotas, curiosidades de los países que has visitado, biografías… explícanos una historia inédita.
Sí, en el blog he colgado unas 250 historias cortas de los países que he visitado. Estas historias surgen muchas veces por casualidad: a veces alguien te cuenta de donde proviene tal o cuál producto, como el gin-tonic (la India), los tejanos (Génova… Blue de Gênes) o el happy-meal (Guatemala), o lees sobre un personaje originario de uno de estos destinos… La última historia que me sorprendió fue la de Rebeca Méndez, una mujer que murió hace un par de años en México. Todos nosotros hemos oído hablar sobre su vida, pero nunca me había parado a pensar en ella, hasta que un día, haciendo cola en la Delegación de Hacienda (puede surgir en cualquier momento) escuché una canción que hablaba de ella: la historia real narra que en 1971, una joven de 22 años, Rebeca, iba a casarse con un pescador al cabo de cuatro días. Sin embargo, Manuel, antes de la celebración, tuvo que partir a faenar junto a otros hombres. Algo sencillo y que le permitiría llegar a la boda. Pues bien… al cabo de cuatro días, Manuel no llegó, y Rebeca fue a buscarlo con su vestido de novia y con su ramo al muelle. Volvió al día siguiente, al otro, al otro… y así todos los días de su vida desde los 22 años hasta los 63 que murió. Se trastornó, y se convirtió en una atracción turística. Los turistas iban a verla y le decían a una fantasmagórica Rebeca que vivía de la mendicidad e iba ataviada con un vestido de novia roído y comido por los cangrejos, que por favor volviera a su casa. Rebeca siempre contestó con una sonrisa: “No, Manuel va a llegar y nos tenemos que casar…”. Cada día de su vida.
La verdad es que me quedé helado cuando descubrí la historia de esta mujer, que deambuló toda su vida sobre el muelle de San Blas.
¿Cuál es tu próximo destino?
Pues todavía lo estoy planificando. La verdad es que si escucho a mi cuerpo, este año me pide descansar en una playa al sol y disfrutar del mar, la buena comida, los amigos… incluso aparcar mi libreta Moleskine por un año y tan sólo vivir sin escribirlo… quizá volver a una isla griega. Sin embargo, también es cierto que cuando surgen oportunidades de viajes lejanos, me resulta difícil negarme, así que tampoco descarto subir al Machupichu.
Muchas gracias Alberto, y espero que sigas disfrutando de tus destinos nos hagas partícipes de tus historias.

miércoles, 16 de abril de 2014

De cómo empezó todo (Los Viajes de Laguía Travel)

Introducción de Alberto Martínez Laguía a su libro "Los Viajes de Laguía Travel"

Los viajes de Laguiatravel empezaron a forjarse hace catorce años. Llevaba ya algunos años viajando por el mundo; pero fue por aquel entonces, cuando me di cuenta de que todo aquello que me rodeaba, lo que veía, aprendía y escuchaba, era tan nuevo y sorprendente que no podía dejar que se quedara allí, a la deriva de mi mala memoria: ¡tenía que escribirlo! Con el tiempo, los diarios de los viajes se iban convirtiendo en entrañables recuerdos que releía en las noches de invierno, cuando el destino del verano siguiente aún estaba lejos.

Hace tres años quise comprobar si estos textos podían interesar a otras personas que no fueran mis compañeros de viaje y mis allegados. Decidí, jugando con mi apellido materno, crear una página web (www.laguiatravel.com), donde publicaría los viajes. La web nació y creció, sin dejar de ser nunca un proyecto absolutamente amateur, pero hecho con la ilusión de un proyecto profesional. Gracias a ella contacté con gente que nunca hubiera imaginado: lectores que me agradecían hablar de un determinado tema; otros que con sus conocimientos completaban los textos; los que criticaban algunas opiniones vertidas; profesores que educaban a sus alumnos apoyándose en la web; amigos de la infancia con los que volví a entablar contacto gracias a que descubrieran fortuitamente la página…. Después vino el blog, donde he ido regularmente escribiendo breves historias sobre los países a los que viajaba; más de 250 artículos sobre personajes autóctonos, singularidades de los países, o simplemente anécdotas propias. Gracias al blog he podido alimentar mi curiosidad y mi afán de escribir.
 
A los dos años de lanzar la web y el blog, me animé a llevar a cabo el proyecto cuyo resultado tienes ahora en tus manos. Ha sido un año de mucho trabajo en el que no me han faltado colaboradores, amigos que me motivaban en aquellos momentos en los que me planteaba si el esfuerzo valdría o no la pena, y futuros lectores que no dejaban de preguntarme cuándo podrían tener finalmente los diez viajes reunidos en un libro.

 Tengo que confesar que en todo este tiempo la escritura ha sido terapéutica. La libreta que iniciaba en cada viaje no me servía sólo de cuaderno de bitácora donde vertía descripciones de lugares y nuevos conocimientos: me servía también de diario en el que reflejaba mi propia evolución personal. Por eso lo considero más que un libro de viajes: es también un libro de experiencias. Muchas de ellas verás que son difíciles de explicar, en ocasiones inverosímiles, pero todas son ciertas. A veces pienso que la vida nos regala esas situaciones imposibles, si nos negamos a dejarnos contagiar por el gris con el que a veces se nos tiñe el día, e intentamos no quedarnos inmóviles, lo que no siempre es posible. El maestro Punset me dijo una vez: “Alberto, ¡no pares!”, y así lo he hecho, Eduard. Los viajes son, sin duda, un claro ejemplo de ello.

En relación a esto, quisiera tomarme la licencia de recordar una anécdota que me sucedió hace algún tiempo. Un día Guillermo, un buen amigo, jefe de mi anterior trabajo, comentaba a mis espaldas: “¿Sabes cuándo sueñas que alguna vez en la vida te gustaría hacer esto o lo otro? Pues él lo hace”. ¡Estaba con la antena puesta, Guillermo! Este libro es otro sueño que se hace realidad.

 Y, en fin, no me queda sino decirte que me encantaría que, cuando te adentraras en las páginas del libro, sintieras la sorpresa del que aprende y descubre nuevos destinos; que te atraparan el color y la música del lugar, los olores, el sabor de las comidas, la emoción del momento, la diversión, la inquietud, la ira o la alegría;  y que, cuando dejaras la lectura para ir a dormir, lo hicieras satisfecho, sonriente, relajado como cuando recordamos las escenas e historias vividas en un viaje.

 

Barcelona, a 21 de marzo de 2014